El mercado inmobiliario del bienestar, valorado a escala mundial en 55.000 millones de euros, aterriza en España.

La forma en la que se construyen las casas influye de una manera u otra en la salud. Jakob Helbig (getty)

La forma en la que se construyen las casas influye de una manera u otra en la salud. Jakob Helbig (getty) 

Leonardo DiCaprio es una de las caras más conocidas del pujante mercado de las viviendas saludables. Hace un par de años el actor compró un apartamento por siete millones de euros en el barrio neoyorkino de Greenwich Village, en los edificios Delos de Manhattan. Salud y bienestar son las máximas de esta casa en la que el aire tiene un sistema de purificación, de las duchas sale agua con vitamina c, el suelo corrige la postura de la espalda y el sistema de luces simula un atardecer.

No se trata de la típica extentricidad de un hombre de Hollywood. Detrás hay un mercado emergente que se inicia en Estados Unidos en 2013 de la mano de la compañía Delos y de su fundador Paul Scialla, que dedicó siete años a recopilar investigaciones médico-científicas sobre salud y construcción. Es el llamado wellness real estate o inmobiliario del bienestar, que se calcula que este año moverá 55.000 millones de euros en el mundo. Ante semejante oportunidad, Delos creó un sello que certifica que los edificios cumplen con 540 requisitos que influyen de una manera u otra en la salud de sus ocupantes.

En 2015 se certificaron con el sello Wellness Building Standard en torno a dos millones de metros cuadrados de edificios saludables en EE UU, Europa, Asia, Australia y Oriente Medio. La compañía Delos está valorada en 800 millones de dólares y entre sus defensores no solo está DiCaprio —en su consejo asesor—, también el expresidente Bill Clinton. La unión de estos dos colosos, el inmobiliario y el bienestar, dará que hablar en los próximos años, al tiempo que crece la preocupación por la calidad del aire interior.

Las personas pasan más del 80% de su tiempo en espacios interiores — ya sea en la oficina o en la propia vivienda—, la mayoría contaminados por un aire de mala calidad y con una deficiente ventilación. Las pinturas, los materiales de paredes, suelos y techos, el mobiliario, los equipos informáticos, el humo del tabaco, los productos de limpieza…Las casas están llenas de compuestos orgánicos volátiles (contaminantes). También la iluminación, la temperatura y la humedad afectan a la calidad del aire. Hay que tener en cuenta que en España el Código Técnico de la Edificación, que regula las exigencias básicas de calidad de los edificios es del año 2006.

“El número de posibles contaminantes es enorme, ya que es factible que provengan de muy diversos orígenes. Los propios ocupantes pueden ser una de las fuentes más importantes ya que el ser humano produce de forma natural, entre otras partículas, dióxido de carbono y vapor de agua”, explica Javier Méndez, director del gabinete Técnico del Colegio de Aparejadores de Madrid. Y prosigue: “Los materiales de construcción y decoración, así como los muebles y demás elementos, pueden también ser la causa de la presencia en el aire de formaldehído, vapores orgánicos, polvos y fibras”.

Enemigos invisibles

Estos enemigos invisibles provocan irritaciones y sequedad en ojos, nariz y garganta; ronquera; respiración dificultosa; erupciones cutáneas; hipersensibilidades inespecíficas; mareos y vértigos; elevada incidencia de infecciones respiratorias y resfriados; y dolor de cabeza. La OMS ha cifrado en dos millones el número de muertes anuales en el mundo por contaminación del aire interior.

En España el mercado inmobiliario del bienestar es aún un perfecto desconocido y, de momento, se cuentan con los dedos de una mano las viviendas saludables. La única empresa que aplica parte de los requisitos wellness es la promotora Privalore, que se ha especializado en la rehabilitación y venta mediante crowdfunding de viviendas saludables, de momento en Barcelona. Uno de sus fundadores, Jorge Marqués, dice que en cada rehabilitación aplican unas 10 variables, suficientes para mejorar la calidad de vida de sus habitantes, por unos 2.000 euros más de lo que costaría una reforma tradicional. Aunque sus viviendas no cuentan con el certificado americano, que solo pueden obtener la obra nueva o rehabilitaciones de más de cinco pisos.

En estas casas lo más esencial es el filtro de aire para la eliminación de microbios, tan eficiente como el de un hospital. “Respiramos 15.000 litros de aire diarios y el interior está entre dos y cinco veces más contaminado que el exterior, lo que provoca irritaciones de las vías respiratorias, asma y alergias”, dice Marqués. También se aplica pintura contra microbios y olores, encimera antimicrobiana para la cocina, e iluminación circadiana que emula la luz solar (intensa por la mañana y suave al atardecer) para no afectar al ciclo biológico. “Su intensidad puede afectar a la generación de melatonina y cortisol, dando lugar a desórdenes del sueño o trastornos neurológicos”, cuenta este promotor, que ha sido el primer español acreditado en 2015 como consultor especializado en el inmobiliario del bienestar por el Well Building Institute. Se usan materiales no tóxicos certificados y medidas de apantallamiento que eliminan la radiactividad de los dormitorios.

La compañía española ha emprendido seis rehabilitaciones en Barcelona. Tres de los pisos ya se han vendido con retornos para los inversores particulares del 17%. El último, en el distrito de Eixample, consiguió en cuatro horas 30 inversores que aportaron los 100.000 euros necesarios para la reforma. Estas rehabilitaciones se hacen con huella de carbono neutra. “Calculamos el CO2 que emitimos al construir y lo compensamos participando en proyectos de generación de energía verde en el mundo”, explica Marqués.

Otro certificado español, el Passivhaus, también exige una buena calidad del aire interior en las viviendas. Es un estándar de construcción de edificios eficientes, confortables y amables con el medio ambiente que promueve la Plataforma de Edificación Passivhaus, creada en 2008. Su principal objetivo es reducir en un 75% las necesidades de calefacción y refrigeración, aunque entre sus requisitos también está el instalar ventilación mecánica con recuperador de calor que dispone de unos filtros que reducen los contaminantes que entran a la casa. “El aire que respiramos tiene más oxígeno porque está en constante renovación y es filtrado”, explica Adelina Uriarte, presidenta de la plataforma. Que no exista confort térmico —que haya pérdidas de calor y de frío— también tiene consecuencias graves para la salud. En España hay 21 viviendas con el certificado Passivhaus.